Realmente no es tan importante de dónde venimos, de cuál país cada uno de nosotros. Dios nos ama. A Él no le interesa nuestro pasado, sino que quiere darnos un increíble futuro. Fuimos merecedores del sacrificio definitivo. Dios dio todo lo que tenía por nosotros, a un gran precio. Él nos quiere más que nada, somos el premio por el que su Hijo Jesús estuvo dispuesto a luchar y morir para restaurarnos con nuestro Padre celestial. Démosle nuestro quebrantamiento y adoración, es un sacrificio que podemos hacer.
La que dice La Palabra:
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú oh Dios. Salmo 51:17