Capítulo 11. La bendición de Dios enriquece

Capítulo 11. La bendición de Dios enriquece

«La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.»
(Proverbios 10:22)

En tiempos en que la llamada teología de la prosperidad se ha extendido ampliamente, muchos predicadores prometen riquezas materiales en el nombre de Dios. Movidos por intereses personales, presentan la prosperidad económica como la prueba definitiva de la bendición divina. Sin embargo, esta enseñanza está lejos de lo que realmente afirma la Palabra de Dios.

No todo el que posee bienes materiales es verdaderamente rico, ni todo el que carece de ellos es verdaderamente pobre. El magnate John D. Rockefeller llegó a decir: “El hombre más pobre que conozco es aquel que solo tiene dinero”. Porque la verdadera riqueza va más allá del oro o la fama. La Biblia advierte que quienes desean enriquecerse caen fácilmente en tentaciones y trampas, pues el amor al dinero es raíz de todos los males (1 Timoteo 6 10).

No proclamamos ni una teología de la codicia ni una espiritualidad basada en la miseria. La pobreza no es una virtud automática, ni la riqueza un pecado en sí misma. Lo que distingue lo justo de lo corrupto es la fuente y el propósito. La Escritura declara con claridad: la bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.

Dios es el dador de todo bien. Toda dádiva perfecta desciende de lo alto, del Padre de las luces. Es Él quien fortalece nuestras manos para trabajar, quien abre puertas de provisión, y quien multiplica los frutos del esfuerzo honrado. Las riquezas que proceden de Su bendición no nacen del engaño, la corrupción o la injusticia. Son limpias, santas y dirigidas a un propósito mayor: glorificar a Dios y bendecir al prójimo.

La verdadera prosperidad no roba el sueño, no esclaviza el alma, no llena el corazón de ansiedad. Es una riqueza que viene del cielo y produce gozo, paz y propósito. Que nuestro anhelo no sea acumular tesoros que perecen, sino recibir y reconocer la bendición de Dios, que enriquece el alma y da sentido a todo lo que poseemos.

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