Todos hemos sentido la frustración de ese agujero negro llamado mensaje de voz.
Rara vez conseguimos tener a un ser humano auténtico y verdadero, la primera vez
que marcamos un número de teléfono.
Afortunadamente, nuestro Dios siempre está disponible. Podemos encontrarlo
a cualquier hora del día o de la noche, y todos los días del año… ¡incluidos los
fines de semana y las vacaciones! Cuando oramos, no tenemos que preocuparnos
de las desconexiones, de que nos cuelguen o de tener una mala cobertura. Jamás
nos dejarán en espera y tampoco dirigirán nuestras oraciones a otro departamento.
La Biblia nos asegura que Dios está ansioso por oír nuestras peticiones y que re-
cibe con agrado nuestras oraciones de agradecimiento. David, el salmista, escribió
sobre la respuesta de Dios a aquellos que depositan su confianza en él: «Él me
invocará, y yo le responderé» (Sal 91.15 NVI). David poseía gran confianza en que
Dios escucharía sus oraciones. ¡Y nosotros también podemos tenerla!
Amado Señor, gracias por estar siempre ahí para mí.
Ya sea que me encuentre en la cima de una montaña y solo quiera alabar tu nombre, o
que necesite tu consuelo y tu aliento, puedo contar contigo. Amén.