El Señor Jesús no le prestó la menor atención al estrés de Marta. Ignoró el
hecho de que estaba haciendo las cosas de la casa para servirlo. Entre oír las en-
señanzas y servirlo con sus obras, ella escogió las obras. Quería agradarlo. Quería
ser reconocida por aquello que estaba haciendo.
Su hermana, María, se olvidó de todo el resto. Solo quería oírlo y aprender Sus
enseñanzas. Quería aprender. Quería ser quien Él esperaba que fuera. Y fue justa-
mente ella quien Lo agradó, pues quería lo que Él quería.
Él quería enseñar. Quería llevar a las personas al Reino de Dios. Quería cambiar
sus pensamientos. Ella quería aprender. Quería entrar al Reino de Dios. Quería
cambiar sus pensamientos. Se necesita poco. O incluso una sola cosa: oír Sus en-
señanzas. Practicando la Palabra de Dios, será posible realizar todo el resto. ¿Para
qué la inquietud? ¿Para qué la preocupación? Para quien escoge la buena parte,
esta jamás le será quitada.
Elija oír la Palabra de Dios, aprenderla y practicarla.
Las inquietudes y las preocupaciones son absolutamente innecesarias.