Capítulo 9. Lo que valen tus palabas
«Plata escogida es la lengua del justo; Mas el corazón de los impíos es como nada.»
(Proverbios 10:20)
Las palabras del justo tienen un valor incalculable. Su lengua es comparada con plata escogida: refinada, hermosa y valiosa. Cuando el justo habla, su voz edifica al que escucha, consuela al afligido y anima al desalentado. De sus labios brotan consejos sabios, verdades que sanan y palabras que iluminan el alma.
La lengua del justo guía como una lámpara en la oscuridad, da sabor como la sal y perfuma como un buen ungüento. Quien escucha al justo no camina en tinieblas, sino que encuentra dirección. No tropieza en senderos inciertos, sino que avanza por caminos seguros. Sus palabras abren campos fértiles donde florecen la paz, la esperanza y la vida.
Aceptar las palabras del justo es abrazar el consejo divino. Es caminar sostenido por el brazo fuerte de Dios hasta llegar a Su morada eterna, donde reina la justicia y la gloria no tiene fin.
En contraste, el corazón del impío vale muy poco. Sus palabras surgen de un pozo contaminado, de un campo minado por la mentira y la maldad. Lo que pronuncia destruye en lugar de construir, hiere en vez de sanar. Su lengua no tiene brillo, ni valor, ni dirección; es sombra sin luz, ruido sin sentido.
Hoy es un buen momento para reflexionar: ¿Son nuestras palabras como plata refinada, o como escoria sin valor? ¿Transmiten gracia y verdad, o siembran confusión y dolor? Que el Señor purifique nuestros labios y nos dé un corazón justo, para que cada palabra que salga de nuestra boca sea digna de Su presencia.