Capítulo 7. Los justos son bendecidos
«Bendiciones hay sobre la cabeza del justo; pero violencia cubrirá la boca de los impíos». (Proverbios 10:6)
Vale la pena conocer a Dios, caminar con Él y servirle con todo el corazón. La vida del justo está rodeada de bendición. Su cabeza lleva el sello del favor divino, su hogar es un espacio de paz, y su vida es como un árbol plantado junto a corrientes de aguas: no se marchita y da fruto en su tiempo. Como la palmera que crece erguida y firme, así florece el justo bajo la mano del Altísimo.
Pero, ¿quién es el justo? No es aquel que se apoya en su propia justicia, sino quien ha sido justificado por la fe. No es quien presume de méritos, sino quien, a pesar de sus faltas, ha creído en Cristo y ha sido revestido con Su justicia. El justo no persigue la bendición como un fin, porque sabe que ya es conocido, amado y bendecido por el Dios que da toda buena dádiva.
La boca del impío, en cambio, es morada de violencia. Lo que brota de ella revela el estado de su corazón. Mientras que la bendición que reposa sobre el justo fluye hacia otros como una fuente de vida, la palabra del impío es como un río contaminado que arrastra destrucción. La boca habla de lo que abunda en el corazón: por eso, el justo exhala la fragancia de Cristo, mientras el malvado propaga tinieblas y división.