“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.” (Gálatas 1:10).
Haga la voluntad de Dios, aunque eso pueda traerle la enemistad de muchos. No podemos tener dos señores. Cuando elegimos hacer la voluntad de Dios, el mundo entero se vuelve contra nosotros. No existe cómo conciliar la Verdad con el modo de vivir de este mundo, pues uno es enemigo del otro.
Señor, hoy quiero agradarte con mis pensamientos, honrarte con mis palabras y glorificarte con mis hechos. Ayúdame a alejarme de todo aquello que me haga caer, porque no quiero ofenderte. Ayúdame a distinguir entre lo que a ti te agrada y lo que tú repruebas. Necesito que me des sabiduría para discernir tu voz y tu presencia donde quiera que yo me mueva.