El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)
Estar conscientes de la fuerza del Espíritu Santo en nuestro interior es la motivación más fuerte del hombre de Dios para vencer lo que la Biblia nos dice que es, el mundo – la carne – el diablo. Sin la la consciencia y concentracion de este asombroso regalo que Jesus dio a cada uno de sus hijos al dejar fisicamente este mundo, no experimentaremos la vida victoriosa que El ha prometido. La voluntad de Dios no es que seamos víctimas, sino que seamos victoriosos.
Todos hemos escuchado la ilustración del entrenador que le dice a su lanzador, “hagas lo que hagas no le des una alta y adentro”. Normalmente hacemos lo que escuchamos en nuestra mente. La mente que Dios nos ha dado es un instrumento asombroso. Se nos ha dado el don de la elección que controla nuestra mente pero eso no garantiza nuestra seguridad en toda situación. La vida abundante es evidenciada por un hombre que es seguro. La seguridad ocurre a propósito, no nos dejamos llevar por la seguridad. Si tomamos conscientemente las decisiones equivocadas, o dejamos que nuestra mente vaya a la deriva perdemos la seguridad y la confianza que Dios promete a sus hijos. Su amor por nosotros exige que luchemos contra el mundo, la carne y el diablo. ¿Cómo lo hacemos? Preocupándonos por el don que Dios nos ha dado, su Espíritu Santo. Nuestro entrenador dice: “Hagan lo que hagan, preocúpense de mi don, el Espíritu Santo”.
Señor, gracias por darnos el don de Tu Espírito Santo para ser guiados, protegidos y guardados de todo mal.